Desde el punto de vista medioambiental la Sierra de San Vicente se caracteriza por su riqueza paisajística, su gran biodiversidad y el buen estado de conservación de sus ecosistemas. Motivos, entre otros, por los que fueron propuestos dos LIC (Lugar de Importancia Comunitaria), que cubren casi el 100% de la superficie de la Comarca denominados: “Sierra de San Vicente y Valles del Tiétar y Alberche” y “Sotos del Río Alberche”.

Otras figuras de protección que reflejan su interés son: la ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) del “Valle del Tiétar y embalses de Rosarito y Navalcán y la “Reserva Fluvial de los Sotos del Río Guadyerbas y Arenales del Baldío de Velada”.

La vegetación de esta serranía toledana se configura como un verdadero oasis paisajístico que contrasta con la gran llanura manchega. Su diversa flora y vegetación es el resultado de la interacción de múltiples factores, como la climatología y la orografía, entre otros. En pocos kilómetros se producen grandes variaciones de temperatura, pluviosidad, orientación (solana y umbría) y pendiente.

Estos cambios generan condiciones ecológicas muy heterogéneas que acogen especies y formaciones vegetales de lo más variado. Otro factor importante, para el desarrollo de los vegetales, es el sustrato geológico sobre el que se desarrollan y del que toman los nutrientes. Si bien, en el caso de esta comarca no existe una gran variabilidad, al existir una gran uniformidad en los materiales que la constituyen.

Por lo general se trata de rocas de carácter ácido (granitos, esquistos y cuarcitas), a excepción del paraje de “Los Caleros” (Garciotún), donde aparecen rocas calizas. Por lo tanto, los suelos de esta comarca, también, son bastante homogéneos y no producen gran variabilidad, por lo general son poco productivos y de carácter ácido. Otro elemento destacable es la proximidad a los cauces de agua, donde el suelo permanece constantemente húmedo y brotan especies que destacan sobre la vegetación dominante, por su color más brillante. Hablamos de los bosques de ribera: fresnedas (Fraxinus angustifolia), saucedas (Salix spp.), alisedas (Alnus glutinosa), tarayales (Tamarix spp.), escasas olmedas (Ulmus minor), etc.

La comarca de la Sierra de San Vicente puede considerarse una zona de transición entre la vegetación típica de Extremadura y la del Sistema Central, por lo tanto se desarrolla una vegetación muy peculiar, con elementos de ambas áreas biogeográficas, que no puede contemplarse en otros lugares. Así, en los encinares de la vertiente sur aparecen perales silvestres (Pyrus bourgaeana) típicos de Extremadura, y enebros (Juniperus oxycedrus) característicos del Sistema Central. En algunas situaciones aparecen auténticos enebrales de carácter relicto.

No debemos olvidarnos de los procesos históricos y de su influencia sobre la presencia de unas u otras especies. De tal manera que, en la actualidad, se conservan un gran número de reliquias botánicas procedentes de una vegetación dominante en otros tiempos como: enebros (Juniperus oxycedrus), acónitos (Aconitum napellus), acebos (Ilex aquifolium), etc.

Pero sin duda, uno de los factores más importantes, que ha condicionado la vegetación tal y como la conocemos en la actualidad, ha sido el efecto del hombre. A lo largo de la historia ha modificado, talado y adehesado estos bosques, configurándolos tal y como los conocemos en la actualidad. Todos estos factores permiten la aparición de una rica biodiversidad vegetal en un área poco extensa. En estos parajes se han catalogado más de 1000 especies vegetales, de las cuales aproximadamente un 10 % son endémicas (exclusivas) de la Península Ibérica (Mateo & Pajarón, 2009).

Otra característica interesante es la gran diversidad de formaciones forestares que se desarrollan en esta comarca. A continuación detallaremos las más destacadas.

En las zonas menos elevadas de esta serranía, se desarrolla el inconfundible bosque mediterráneo. Estamos hablando de encinares (Quercus ilex subsp. ballota) y alcornocales (Q. suber). Diferenciados por el carácter perennifolio de sus árboles y por lo impenetrable de sus bosques, debido al gran número de matorrales que se desarrollan en su sotobosque.

Estas formaciones han sido manipuladas y aprovechadas por la mano del hombre desde tiempos remotos. Así, en los valles que limitan estos montes aparecen paisajes adehesados, procedentes de un aclarado del bosque original. Estos ecosistemas seminaturales permiten un aprovechamiento ganadero (pastos y forraje), agrícola (cultivos) y forestal (madera, carbón, leña y picón), al mismo tiempo conservan un buen grado de la diversidad original del bosque. Contemplar estos parajes en primavera, cuando brotan y florecen las numerosas especies que pueblan estos lugares es un verdadero espectáculo. Cuando ascendemos por las primeras laderas y cerros desaparecen las dehesas para dar lugar a formaciones forestales. En el área de estos bosques nos encontramos con olivares, viñedos, cultivos de frutales y pequeños huertos de hortalizas.

En el interior de estos bosques podemos encontrar arbustos como la olivilla (Phillyrea angustifolia), la cornicabra (Pistacia terebinthus), el jazmín silvestre (Jasminum fruticans), el torvisco o “chorovisca” (Dhapne gnidium), el rusco (Ruscus aculeatus), la retama loca (Osyris alba) o esparragueras (Asparagus acutifolius); y trepadoras como la nueza negra (Tamus communis), una madreselva (Lonicera implexa) o la rubia (Rubia peregrina). En los bordes del bosque y en veredas, aparece una orla de arbustos espinosos constituida por majuelos 1 6 (Crataegus monogyna), escaramujos o rosas silvestres (Rosa spp.) y zarzamoras (Rubus ulmifolius). En las zonas más cálidas aparecen especies poco resistentes a las heladas. Así, en los berrocales graníticos, orientando a solana, de Castillo de Bayuela y Garciotún, podemos observar acebuches u olivos silvestres (Olea europea subsp. europea), zumaques (Rhus coriaria) y espinos negros (Rhamnus oleoides). Estas situaciones cálidas son aprovechadas por el hombre y aparecen cultivos de especies exigentes en temperatura como la higuera, el olivo, el naranjo, el almendro ó el granado. La degradación de estos bosques; por incendios o intervención humana, entre otros factores, ha provocado su sustitución por diferentes tipos de matorrales:

  • retamares (Retama sphaerocarpa)
  • escobonales (Cytisus scoparius)
  • tomillares (Thymus mastichina)
  • cantuesares (Lavandula stoechas subsp. pedunculata).

Entre Castillo de Bayuela e Hinojosa de San Vicente y en las inmediaciones de Almendral de la Cañada se desarrolla un bosque mixto dominado por alcornoques (Quercus suber), quejigos lusitanos (Q. faginea subsp. broteroi) y encinas, acompañados por algún almez u “hojaranzo” (Celtis australis), madroño (Arbutus unedo) y arce (Acer mospessulanum) en la vertiente norte.

Debajo estos árboles podemos encontrar un estrato arbustivo formado por cornicabras, madreselvas, rusco, etc. Contemplar estos bosques en los meses de otoño es un verdadero espectáculo, gracias a los contrastes de colores que se producen entre los grises de berrocales, los verdes intensos de las encinas y alcornoques, los rojos de las cornicabras, los ocres de los quejigos y el verde brillante del musgo sobre las rocas.

Al igual que sucede con los encinares, la degradación de estos bosques ha dado lugar a la formación de matorrales, pero en esta ocasión están dominados por la jara pringosa (Cistus ladanifer); acompañada por la aulaga (Genista hirsuta), el cantueso, la siempreviva (Helichrysum stoechas) y la botonera (Santolina rosmarinifolia).

Según ascendemos por las empinadas laderas de estos cerros, las condiciones climatológicas se tornan rápidamente en un ambiente más fresco y húmedo, favoreciendo la entrada de especies más exigentes en humedad. El paisaje cambia drásticamente, surgen los bosques caducifolios: rebollares o melojares (Quercus pyrenaica), siendo uno de los melojares más extenso y mejor conservado del Sistema Central. Se caracterizan por el carácter caducifolio de sus hojas y la ausencia prácticamente total de arbustos en su sotobosque, tan sólo aparece alguna mata pinchosa (Genista falcata). Aunque, presentan un cortejo florístico muy variado y en su interior habitan innumerables especies de herbáceas, como violetas silvestres, geranios silvestres, gramíneas, centaureas, orégano, etc

Los robles aparecen acompañados de otros árboles como castaños (Castanea sativa), fresnos (Fraxinus angustifolia), cerezos silvestres (Prunas avium), nogales (Junglans regia) y majuelos (Crataegus monogyna) de porte arbóreo. La carretera que une los municipios de El Real de San Vicente y Navamorcuende, atravesando el paraje de “El Piélago”, nos permitirá contemplar estos bosques en su máximo esplendor. Incluso hacernos creer que estamos en algún paraje del norte peninsular, muy lejos de la seca llanura manchega. En la vertiente de umbría, los vientos procedentes del Océano Atlántico descargan su humedad, acogiendo especies de ámbito centro-europeo, como acónitos (Aconitum napellus), azucenas silvestres (Lilium martagon), helechos (Athyrium filix-femina), acebos, etc. Mientras que en la vertiente de solana las condiciones son más cálidas y secas permitiendo la presencia de especies por encima de sus límites de altitud habituales, enebros e incluso encinas aparecen por encima de los 1100m.

Como otra etapa regresiva de los melojares aparece un jaral de jara pringosa, que puede estar acompañada por el cantueso, la botonera, el jaguarcillo (Halimium umbellatum), un piorno (Genista cinerascens) y el escobón. En las cumbres aparece una formación arbustiva, dominada por el codeso (Adenocarpus argyrophyllus), el piorno (Genista cinerascens) y el escobón (Cytisus scoparius). Esta formación aparece acompañada por especies típicas de zonas montanas, son muy peculiares y muchas de ellas exclusivas de zonas montañas ibéricas.